martes, 18 de agosto de 2015

Otro acto despótico del gobierno caciquil de Texcoco

Jesús Tolentino Román Bojórquez

Texcoco, Edomex.- El pasado 13 de agosto, un gran dispositivo policiaco conformado por más de cien elementos de la policía municipal de Texcoco, fuertemente armados, arribó intempestivamente a plena luz del día, a las once de la mañana, a la Plaza Jardín del centro, lo que dio la impresión, a simple vista, de que iban decididos a la captura de algún peligroso grupo de delincuentes, traficantes de drogas, secuestradores, o algo por el estilo. Pero ¡oh sorpresa!, tan aparatoso operativo no iba tras los huesos de ningún capo, sino que, ante los ojos estupefactos de la ciudadanía que circulaba por el jardín, los señores “guardianes del orden” encapsularon primero y arremetieron después, en contra de 19 modestos comerciantes semifijos que venden desde hace 15 años unos, y 35 años otros, gelatinas, hamburguesas, hot dogs, churros, frituras, tacos, paletas de hielo, nieves y repostería, en suma, todos aquellos alimentos y golosinas que acostumbra consumir tradicionalmente el pueblo texcocano en sus ratos libres y de esparcimiento. Como resultado de tan “grave delito”, resultaron lesionadas algunas mujeres y algunos de sus pequeños hijos que las acompañaban, lo mismo que ancianos que han mantenido a su familia del comercio durante muchos años; con saña digna de mejor causa, los policías despojaron a los comerciantes de la materia prima, mercancía y utensilios básicos para la elaboración de sus productos, en medio de una enorme gritería de protesta de ciudadanos nobles que se solidarizaron con las víctimas. Así, mientras en los barrios, colonias, pueblos y fraccionamientos de Texcoco la gente se queja de la falta de seguridad pública (insisto, según datos oficiales, Texcoco se encuentra dentro de los cinco municipios más inseguros del Estado de México), vemos nuevamente en qué ocupa Higinio Martínez a la policía, mientras que la delincuencia hace de las suyas y crece como verdolaga.
Ciertamente, para cubrir las apariencias, el gobierno morenista que encabeza Higinio, ha hecho la finta de que no se trata de un desalojo a secas de los comerciantes (agrupados en una asociación civil denominada Comerciantes Unidos del Jardín Municipal A.C.), sino de una reubicación debido a que los comerciantes son “innecesarios, afean y contaminan el lugar”, reubicación que los afectados no aceptan por tres razones: una, porque el número de comerciantes es pequeño, pero el suficiente para cubrir la demanda ciudadana, sin afear ni tampoco contaminar la plaza; dos, porque el lugar alternativo que les proponen (las vías del ferrocarril) es un sitio con muy poca afluencia de gente y, por tanto, su pequeño negocio no es rentable y terminarían muriéndose de hambre, los comerciantes y sus familias y la tercera razón, obedece a que ha corrido el fuerte rumor de que Higinio, después de un cierto tiempo, llevará a otros vendedores que sean sus incondicionales, familiares, amigos y compadres suyos. Otra vez, como dije en un artículo anterior, aparece el carácter caciquil (léase gansteril) de Higinio, que hace de uso y abuso del poder municipal con un criterio patrimonialista, es decir, como si el territorio y los habitantes de Texcoco fueran su patrimonio, de su propiedad personal y que, luego entonces, él puede hacer con la gente lo que le venga en gana porque la gente es “suya” (¿!).

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