Bamba Política

viernes, 13 de marzo de 2026

Monreal acorrala a aliados por freno a reforma: «La historia no olvida

 En la arena política del Palacio Legislativo, el diputado federal Ricardo Monreal Ávila soltó un calambre que dejó a más de uno con el ojo cuadrado durante la discusión de la reforma electoral. Tras confirmarse que los números no daban para la mayoría calificada, el líder de la bancada mayoritaria no se anduvo por las ramas. Su advertencia de que «la historia no olvida» fue una pedrada directa que, además de golpear a la oposición, alcanzó a sus propios compañeros de coalición que le sacaron al parche en la votación decisiva.


El drama en el pleno subió de tono cuando los representantes del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) tomaron la máxima tribuna para justificar su rechazo al dictamen. Para curarse en salud, los legisladores aliados sacaron a relucir la historia de cómo se fundaron sus institutos políticos. Sin embargo, Monreal les devolvió la cortesía con guante blanco pero mano pesada: soltó un contundente «falsear la historia no los exime», dejando en claro que el pase de lista histórico no perdona justificaciones de ocasión.

Fiel a su oficio político, el zacatecano no quiso quemar todas las naves y reconoció que en San Lázaro también se sabe tejer fino. Puso como ejemplo el nombramiento unánime del Auditor Superior de la Federación, recordando que el Congreso es capaz de alcanzar acuerdos de alto calado cuando hay altura de miras. Este contraste sirvió para subrayar que la cerrazón actual no es por falta de capacidad legislativa, sino por un cálculo político que, a sus ojos, le da la espalda a la voluntad ciudadana.

Ante la barrera de los 334 votos necesarios para modificar la Constitución, Monreal oficializó la ruta de escape: el famoso «Plan B». Esta maniobra busca reformar las leyes secundarias en materia electoral, un atajo donde el oficialismo no necesita rogarle a los aliados disidentes ni a la oposición. Con la mayoría simple en la bolsa, la maquinaria institucional no se detiene, solo cambia de engranes para ajustar las tuercas del sistema sin requerir el consenso de quienes hoy decidieron bajarse del barco.

Pero el dardo más envenenado del discurso vino con una advertencia sobre la rueda de la fortuna que es el poder. «Los cargos pasan, las coyunturas cambian, las mayorías se transforman y en ocasiones pasan a ser minorías», sentenció el legislador. Este mensaje resonó en el recinto no solo como filosofía política, sino como un recordatorio para tirios y troyanos de que las facturas en este negocio se cobran tarde o temprano, y el fuero no dura para siempre.

Y es aquí donde la aritmética electoral cobra un peso brutal para los aliados rebeldes. En el estricto análisis del ajedrez político, si el PT y el PVEM deciden romper lanzas de forma definitiva con el partido en el poder, corren el riesgo inminente de pulverizarse y volver a ser una minoría marginal. Monreal sabe perfectamente que el arrastre popular y la maquinaria territorial están concentrados en su trinchera, dejando a sus socios en una posición de suma vulnerabilidad si deciden jugar a las contras.

La realidad es fría y los números no mienten: de cara a las próximas elecciones, es la bancada guinda quien tiene la llave de la estructura territorial y la bandera de los programas sociales. Si los partidos del trabajo y ecologista tuvieran que rascarse con sus propias uñas e ir solos a las urnas frente al bloque opositor, sus posibilidades de supervivencia mermarían drásticamente. En términos llanos, la advertencia del legislador los dejó literalmente con los dedos en la puerta, recordándoles de quién dependen electoralmente

En su mensaje de cierre, Monreal apeló a la persistencia ideológica del movimiento que representa. Afirmó con vehemencia que una votación en contra puede ponerle un freno de mano temporal a una iniciativa, pero las «ideas que nacen del pueblo» tienen la inercia suficiente para terminar convirtiéndose en ley. Es una declaratoria firme de que el proyecto no claudica, mientras que quienes hoy le dieron la espalda tendrán que asumir el altísimo costo de caminar sin el cobijo mayoritario.

Así pinta el panorama en la capital del país, donde la grilla legislativa nos demuestra que no hay alianzas escritas en piedra. Mientras las bancadas que votaron en contra intentan cuadrar sus números para no quedar en el desamparo de cara a los comicios, el oficialismo ya afila los lápices para la inminente batalla de las leyes secundarias. Habrá que estar muy al tiro, porque este pleito apenas comienza y pronto veremos quién aguanta el paso sin la cobija oficial.

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