Bamba Política

miércoles, 13 de mayo de 2026

Edomex se queda sin agricultores jóvenes

 El abandono generacional golpea al principal corredor maicero mexiquense: más del 80% de solicitudes de apoyos agrícolas fueron realizadas por personas mayores de 45 años; bajos precios y falta de rentabilidad empujan a jóvenes a migrar


La agricultura en la zona norte del Estado de México atraviesa una de las crisis más severas de las últimas décadas. La baja rentabilidad del maíz, el incremento en los costos de producción y la migración de jóvenes hacia ciudades y corredores industriales han dejado la actividad agrícola en manos de adultos mayores, mientras variedades nativas como el maíz negro comienzan a desaparecer de las parcelas.

La situación ya se refleja en registros oficiales. Durante los recientes procesos de incorporación a programas de apoyo de la Secretaría del Campo del Estado de México, más de 80% de las solicitudes fueron presentadas por personas mayores de 45 años, un indicador del debilitamiento del relevo generacional en el sector.

En municipios como Jocotitlán, Atlacomulco, Acambay, Ixtlahuaca y San Felipe del Progreso, considerados parte del principal corredor agrícola del norte mexiquense, son hombres y mujeres de edad avanzada quienes continúan sembrando maíz, haba, avena y hortalizas.

Jóvenes dejan la tierra en busca de mejores ingresos

En decenas de comunidades rurales se repite la misma escena: parcelas trabajadas por campesinos mayores, terrenos parcialmente abandonados y jóvenes que migran hacia Toluca, Ciudad de México o estados del norte del país para incorporarse a fábricas, comercios o empleos temporales con mejores salarios.

Productores consultados coinciden en que la causa principal es económica: sembrar dejó de ser rentable.

El maíz ya no deja utilidades

Durante el actual ciclo agrícola, el precio de garantía del maíz pagado por Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) se ubicó en alrededor de 6 mil pesos por tonelada, acompañado por un apoyo complementario del Gobierno del Estado de México.

Sin embargo, agricultores y representantes del sector consideran que esa cantidad resulta insuficiente para cubrir fertilizantes, semillas, diésel, maquinaria y mano de obra, cuyos costos se han incrementado de manera constante.

De acuerdo con productores, el precio mínimo para obtener una utilidad razonable debería situarse entre 7 mil 200 y 7 mil 500 pesos por tonelada.

“Con lo que pagan ya no alcanza ni para recuperar la inversión. Mucha gente mejor decidió no sembrar este año”, señalaron campesinos de Jocotitlán y Acambay, donde varias hectáreas quedaron sin cultivarse o fueron destinadas únicamente al autoconsumo familiar.

Semillas nativas, en riesgo de desaparecer

La pérdida de rentabilidad también afecta la conservación de maíces criollos, que requieren mayores cuidados y ofrecen menores volúmenes comerciales en comparación con híbridos industriales.

Entre las variedades más vulnerables se encuentra el maíz negro, utilizado tradicionalmente en tortillas, atoles y otros platillos de la gastronomía regional. Actualmente sobrevive en pequeñas parcelas atendidas por agricultores de edad avanzada.

Jocotitlán, epicentro de una transformación silenciosa

En Jocotitlán, uno de los principales productores de maíz de la región, agricultores reconocen que cada año disminuye el número de personas dedicadas al cultivo, mientras aumenta la incertidumbre sobre el futuro del campo.
La problemática representa no solo un impacto económico para miles de familias rurales, sino también una amenaza para la soberanía alimentaria y la preservación de conocimientos agrícolas transmitidos de generación en generación.

Un campo sostenido por adultos mayores

Campesinos advierten que, si persisten las actuales condiciones de mercado y no se generan incentivos reales para atraer a las juventudes rurales, el abandono del campo continuará acelerándose.

En gran parte del norte del Estado de México, el relevo generacional prácticamente desapareció, una situación que también se observa en actividades artesanales tradicionales.

Hoy, el campo resiste gracias a adultos mayores que continúan sembrando por tradición, arraigo o necesidad. Detrás de ellos avanzan parcelas vacías, semillas nativas en riesgo y una actividad agrícola que se debilita con cada ciclo productivo.

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