Tiraderos clandestinos crecen en caminos y carreteras al norte del Estado de México
Basura doméstica, llantas, muebles, escombro y restos de poda aparecen en distintos puntos de Atlacomulco, Ixtlahuaca y Jocotitlán, donde habitantes piden acciones para frenar la acumulación de residuos.
Tiraderos clandestinos al norte del Estado de México continúan creciendo a la orilla de carreteras y caminos, reflejando un problema que no ha logrado contenerse.
Durante un recorrido realizado por carreteras y caminos rurales se documentaron diversos puntos con acumulación de residuos en municipios como Atlacomulco, Ixtlahuaca y Jocotitlán. En varios de ellos la basura permanece expuesta desde hace días, mientras que en otros los desechos ya fueron dispersados por perros o por las lluvias, extendiendo la contaminación hacia cunetas, terrenos agrícolas y cuerpos de agua.
La problemática no distingue entre zonas urbanas y rurales. En accesos a comunidades, caminos vecinales, lotes baldíos e incluso a un costado de vialidades con importante circulación, es común encontrar montones de residuos que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en tiraderos permanentes.
Entre los desechos observados predominan bolsas con residuos domésticos, muebles, colchones, neumáticos, ramas, plásticos y materiales de construcción, lo que evidencia que estos espacios son utilizados de manera recurrente para abandonar basura de todo tipo.
Habitantes consultados durante el recorrido señalaron que, aunque en distintas ocasiones personal de los ayuntamientos realiza labores de limpieza, los mismos sitios vuelven a llenarse en pocos días.
“Se llevan la basura, pero al poco tiempo otra vez empiezan a venir a tirar”, comentó un vecino de la región, quien aseguró que la situación se ha repetido durante varios años sin que exista una solución permanente.
Además de afectar la imagen de las comunidades, estos tiraderos representan un riesgo ambiental y sanitario. La acumulación de residuos favorece la presencia de fauna nociva, genera malos olores y, durante la temporada de lluvias, parte de la basura termina obstruyendo alcantarillas, escurrimientos y canales, además de contaminar barrancas y cuerpos de agua.
La limpieza de estos espacios también implica un gasto constante para los municipios, que deben destinar personal, camiones, combustible y maquinaria para retirar residuos que, en muchos casos, vuelven a aparecer días después.
Vecinos consideran que el problema no solo responde a la falta de vigilancia, sino también a la ausencia de una cultura de disposición responsable de los residuos. Aunque existen rutas de recolección en la mayoría de las cabeceras municipales, algunas personas continúan utilizando espacios públicos como tiraderos clandestinos.
El recorrido realizado por El Sol de Toluca permitió constatar que la problemática se repite en distintos municipios de la región norte mexiquense, donde los tiraderos clandestinos permanecen a la vista de habitantes y automovilistas sin que exista una solución de fondo.



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