martes, 17 de febrero de 2015

Péndulo Político

Por: Emiliano Carrillo Carrasco

LA DEMOCRACIA TERRORISTA Y SUS TIPOS MEDIATICOS

“La democracia implica un estado bifronte, es decir, simultáneamente benefactor y terrorista, y por esto es tan destructivo. Creo que Cromañón es la cara visible, no la máscara, la máscara es Ibarra, de este Estado terrorista”. Allí volvéis a insistir en ese concepto de Estado terrorista en democracia, precisamente a partir de la muerte del fiscal Nisman . La democracia incluye un Estado terrorista y un Estado benefactor, el predominio depende de la balanza de pagos, cuando hay dinero podes ser más benefactor, cuando las cosas se complican abordas a ser un poco terrorista.” ALFREDO GRAND.
Función pública: “Un Estado es fuerte, no por su tamaño, sino por la eficiencia de sus instituciones, por la fortaleza de sus organismos y de su apego a los principios que le otorgan la legitimidad con su independencia, justicia social y libertades democráticas”. La justicia y la caridad amortiguan pero no eliminan el dolor y la maldad del mundo, desde el momento en que en ellas sigue vigente la afirmación de la voluntad. Aun así, son condición y preparación para el paso siguiente y definitivo: la sobria. Quien ha conseguido rasgar el velo de maya no solo percibe la identidad de todos los seres y hace suyo el sufrimiento universal del mundo. También reconoce en la voluntad a la culpable de todo ese dolor e intenta aniquilarla negándola en su propio fenómeno. Es el estadio de la sobria, de la negación directa e intencionada de la voluntad. Iluminada por el conocimiento, la voluntad reconoce la vanidad de sus afanes y renuncia a seguir representando la dolorosa comedia de un querer ficticio e inviable. ARTHUR Schopenhauer. Carlos Hank y Camil Garza están en lista de fraude fiscal en Suiza: red de periodistas http://www.sinembargo.mx/08-02-2015/1244062
La inconsistencia y el carácter engañoso no son, sin embargo, los únicos "defectos" de los que adolece el mundo de la representación. A estos se añade, además, su radical insuficiencia. Ciertamente, el conocimiento nos presenta la visión onírica de un mundo perfectamente ordenado en el que todo tiene su lugar en el espacio y el tiempo, y encuentra su porqué y su para qué.
A la ciencia y al modo de conocimiento ordinario esa visión les basta. Pero la conciencia filosófica se percata pronto de su insuficiencia; de que la explicación guiada por el principio de razón encuentra un límite en el que ya no caben más razones y la cuestión del porqué se convierte en una pregunta por el "qué", por el supuesto inexplicado de toda explicación: la cosa en sí. Pero a esas alturas se han terminado ya los recursos del conocimiento y la razón ha de guardar silencio: y entonces le toca el turno a la voluntad.

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