martes, 7 de marzo de 2017

A propósito de las elecciones estatales de 2017; Primero la política, después la gente


Por : Raymundo Acosta Peña

El 4 de junio renovaremos gobernador en el Estado de México. De las tres elecciones a gobernador que se verificarán en 2017, la del Estado de México es la que más llama la atención: once millones 331 mil 848 electores en la lista nominal, el 13.3% del electorado del país, por lo que esta elección no puede tomarse a la ligera; también hay que tomar en cuenta que es una de las entidades que más aporta al PIB Nacional con un 9.4 por ciento y recibe 7.4 por ciento de la inversión extranjera directa. Los analistas coinciden en nombrar la elección de la gubernatura del Estado de México como la “joya de la corona” electoral e incluso el termómetro que nos permitiría saber cómo se configurará la elección presidencial de 2018.
Quien gane esta elección inclinará “la balanza” a su favor en 2018, dicen y de eso no hay duda. Eso no significa que quien gane las elecciones en el Estado de México conquistará en automático las elecciones federales. Recordemos que en 1999 el PAN conquistó la presidencia con un impresionante 42.52% pero igualmente sucumbió contra el PRI en el Estado de México cosechando 1,146,071 votos contra 1,371,564 del Revolucionario Institucional. Llama la atención que en el Congreso de la Unión no se replicó el mismo fenómeno, el PAN apenas conquistó 38.24% del congreso, cuatro puntos porcentuales menos que en la elección federal; el PRI obtuvo en esa ocasión el 36.92% de votos y la coalición Alianza por México, encabezada por el PRD, el 18.68%. La misma circunstancia ocurrió en 2005, después del primer sexenio panista, tampoco vencieron al PRI en el Estado de México, lograron apenas 936,615 votos contra Enrique Peña Nieto que los aplastó con 1,801,530.

Las encuestas, termómetro “infalible” de las tendencias electorales señalan que, al momento que se escriben estas líneas, la disputa entre PRI, PAN y morena estará “muy reñida” este año. Sin embargo, las encuestas daban por ganadora a Hillary Clinton un mes antes de la elección en E.E.U.U. con 45% de las preferencias a favor de la demócrata y sólo el 37% del actual presidente Donald Trump, entonces: ¿qué tan confiables son las encuestas? Como dicen los políticos: dejemos que la “verdadera encuesta, la elección, nos lo diga”, mientras, no serán más que especulaciones o mera campaña mediática.
Con este panorama en mente surgen una serie de interrogantes que, como ciudadanos, no podemos dejar de lado. Primero, ningún pre candidato en esta ronda ha tratado los problemas de fondo del país o del estado: la pobreza, la falta de empleo, los míseros salarios y la falta de desarrollo urbano de cientos, miles de comunidades mexiquenses.
Y menos han criticado –ni lo harán porque no conviene a sus intereses- una de las contradicciones más agudas de nuestro sistema político: el carísimo e inútil circo electoral. De acuerdo con Pedro Zamudio Godínez, Consejero Presidente del Instituto Electoral del Estado de México, el presupuesto para las elecciones de 2017 será de 2,133 millones 686 mil pesos que servirán para “generar en los ciudadanos  y actores políticos  la confianza en los procesos electorales que conducimos para la renovación periódica y pacífica de los poderes en la entidad”. De ahí se desprende la segunda duda estimado lector: ¿podemos confiar plenamente en nuestras instituciones electorales? Se supone que desde la creación del IFE, hoy INE, las elecciones son “limpias”, “democráticas” y que ante los ojos del mundo, somos un país civilizado. Pero nada más lejano de la verdad.
Los políticos mañosos, como Andrés Manuel López Obrador, empezaron una doble campaña desde 2016: su pre-pre-pre campaña presidencial con el pretexto de acompañar a la “disimulada” pre-pre campaña de Delfina Gómez a gobernadora que le permitió visitar los 125 municipios mexiquenses bajo el flamante cargo de “Promotora de la Soberanía Nacional”. Igualmente, Juan Zepeda, del PRD, inició su pre-pre campaña con la revista Líder y una serie de espectaculares que contrató en el municipio de Nezahualcóyotl,
El sistema electoral mexicano ha demostrado una constante desde los días de Porfirio Díaz hasta hoy: hipocresía. Sólo importa la clase política y sus patrocinadores, no la gente. Porfirio Díaz, tras ser derrotado por Benito Juárez en 1871 enarboló, con uñas y dientes, el lema de “no reelección” y “el rechazo al excesivo poder del presidente”. ¿Qué bonito suena el discurso, cierto? La historia, la conocemos bien. Muchas palabras, pocos hechos. Muchos discutirán que Díaz trajo “progreso” y “unidad” al país, después de muchas guerras. Si este “progreso” significó ignorar la ley que Juárez decretara para liberar del peonaje a los indígenas, me parece que el costo no valió la pena, finalmente, muchos murieron por librarse del mismo yugo que impuso Porfirio y el decadente sistema feudal-hacendario que vivimos esos años. Cierto, el edificio de Bellas Artes y el Monumento a la Independencia son hermosos, pero no valen la pena en comparación con los miles de mexicanos que fueron sobajados y ultrajados por el inhumano sistema de peonaje, lo que es, a todas luces, detestable.
¿Hasta cuándo dejarán de mentir los políticos y poner en primer lugar los intereses de la gente? Delfina Gómez, pre candidata de morena a la gubernatura del Estado de México, por ejemplo, dice en sus discursos públicos que: “le ganó a Antorcha en Chimalhuacán”, el bastión del Movimiento Antorchista en la entidad. Si bien es cierto que con los votos de Texcoco ganó la diputación federal del distrito 38, en la zona de Chimalhuacán, perdió: en las 198 casillas que residen en el municipio obtuvo 8,055 votos contra 16,175 de Antorcha: dos a uno. Le suplicamos a los dioses del olimpo que la profesora no sea maestra de matemáticas, porque si no, qué terrible destino les espera a sus alumnos cuando regrese a la docencia, o ¿acaso habrá nacido la Elba Esther de Texcoco?, dios quiera que no. Es cierto, Antorcha perdió el distrito 38 en Texcoco en circunstancias poco claras, pero no en Chimalhuacán. La verdad es que Delfina, al igual que Porfirio Díaz, estandarte del fraude electoral mexicano, no pone a la gente en primer lugar, no importa mentir, el chiste es “endulzar” el oído de los electores y explotar el hartazgo de la gente a como dé lugar.
Afortunadamente existe luz al final del túnel. Hay políticos de nuevo tipo que ponen en primer lugar a la gente y no a la clase política: son los políticos antorchistas. Para muestra un botón: en lugar de dedicarse a decir mentiras, la ex presidenta municipal de Ixtapaluca y hoy diputada federal por el Distrito 12 en la LXIII Legislatura, Maricela Serrano Hernández, pavimentó, por ejemplo, una calle por día en tres años, es decir: 1,095 calles. Invirtió tres mil 621 mil millones 816 mil 441 pesos distribuidos de manera equitativa en obras, servicios y acciones de gobierno, a diferencia de los tres gobiernos municipales anteriores a la llegada del antorchismo, quienes solo invirtieron, cada uno, 300 millones de pesos por año, lo que devino en un abandono del municipio. Eso sucedió porque su prioridad no era la gente.
El IEEM invertirá 2,133 millones 686 pesos en organizar y fiscalizar la elección de 2017, pero la verdad preferiríamos que esos recursos se destinaran a los municipios pobres del Estado de México y no en papeletas electorales, espectaculares y spots de radio “dirigidos a los simpatizantes de equis o zeta partido político”, final bastante ridículo, si me permiten la expresión, como si los demás radioescuchas estuviésemos sordos o idiotas.
Antorcha no competirá para la gubernatura pues su proyecto es a largo plazo y de mayor alcance. Sin embargo, lo primero que nos queda es abrir los ojos, entender que mientras la clase política no ataque el sistema económico que la sostiene, el neoliberalismo, difícilmente podrá disminuir la injusta distribución de la riqueza. Si López Obrador miente, a través de Delfina, imaginemos lo que será capaz de hacer si llega a ser presidente de México.
Los políticos de discurso, de mentiras, son los que han llevado a la gente al hartazgo. ¿Se pondrán a la altura los candidatos a gobernadores por el Estado de México o se dedicarán solo a llevar agua a su molino con miras a la elección federal de 2018? Tiempo, al tiempo.

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