miércoles, 18 de marzo de 2015

Un futuro ominoso

Probablemente no es muy buena idea hacer un pronóstico y menos aún un pronóstico sobre algo indeseable. No lo es por partida doble. La primera razón y más obvia es porque te puedes equivocar y socavar las razones que tienen otros para escucharte. La segunda es que un pronóstico también es un programa. Avanzar una descripción de un futuro posible suele ser una forma de decir “este es el futuro que deseo posible”.
La salida retórica con la que uno se puede tratar de zafar de estos dos problemas es decir: “va a pasar X, pero ojalá me equivoque”. Así, si el pronóstico sucede, se evita la responsabilidad de haberlo avanzado como programa. En contraste, si no sucede, no se puede distinguir si no sucedió porque el pronóstico estaba equivocado o porque el pronóstico, descrito ominoso por agregarle la cláusula “ojalá me equivoque”, hizo que las personas a las que les interesara actuaran de manera distinta. Es una pregunta que no tiene respuesta sencilla, ¿un pronóstico también sirve como alarma?
Pienso en esto porque creo que el futuro cercano en México es ominoso. Creo que desde hace años se podía ver venir en pequeñas cosas, pero que ahora, sumadas, frenar lo que viene se presta mucho más difícil.
Lo que me preocupa es que entre más escandaloso se revela el comportamiento de este gobierno, más caro le sale a los priistas perder el poder. Ya no es sólo que dejen sus puestos, sino que si en el futuro gana otro partido al menos a algunos los metan a la cárcel. Por tanto, lo que no pueden permitir es que gane otro partido las elecciones (ni las del 2015 ni las del 2018). ¿Qué están dispuestos a hacer para “no perder” la elección? Probablemente todo. Ya no está en juego su prestigio (¿Cuál?), lo único que se juegan es el control del aparato estatal. Podremos gritar y patalear, que hacen trampa, que desvían recursos, que corrompen todo, y por eso no se inmutarán, simplemente tienen que garantizar que a la hora de las urnas, “haiga sido como haiga sido”, tengan más votos.
Me gustaría pensar que las instituciones electorales aguantarán la embestida que el PRI está preparando. (Me sorprendo viendo cómo otra vez los programa sociales, en voz de la propia secretaria de Sedesol se anuncian así: “Tendrán un beca del Presidente“, aparte de en qué han gastado el dinero). Lo veo difícil. Como nos demostró el cínico de Sergio García Ramírez cuando fue consejero electoral: hay consejeros que simplemente tienen como tarea defender lo que haga el PRI. Lo mismo pasa con el tribunal electoral (por ejemplo el ex-secretario particular de la magistrada Alanís, socia de despacho del consejero del INE Marco Baños, es hoy director de la CFE y mientas estaba en el tribunal ya tenía un pie en la campaña de EPN, y justo antes pretendía ser, también, consejero electoral y fue quien organizó aquella cena sobre las multas a EPN en casa de Alanís).
Esto no quiere decir que todos los que están en estas instituciones defenderán al PRI, pero sí que la capacidad de estas instituciones para actuar de manera consistente, certera y concertada (como lo hizo en su momento con el “Pemexgate” y con “Amigos de Fox”) ha sido mermada a tal grado que, como ya empezó a pasar con las trampas del Partido Verde, cualquier acción de los órganos electorales a la oposición le parecerán insuficientes. Es decir, la mejor forma del PRI de reventar al INE y al TEPJF es estirando la liga, demostrar que no existe el castigo suficiente, y después dejar que sea la oposición la que termine de reventarlas. Sin órganos electorales reconocidos por la oposición, al PRI le resultará muy cómodo decir que ellos respetan “la legalidad y la democracia” y que es la oposición la que no lo está haciendo. De ahí veremos la ya tan tradicional cacareada en los medios sobre “respetar el resultado electoral” y esa entelequia que llaman “Estado de derecho” para deslegitimar cualquier queja y protesta.
Temo que esto sea lo que viene, y que antes de ponerse mejor, las cosas se pongan peor. Ojalá me equivoque.

Nexos

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