martes, 11 de noviembre de 2014

Editorial Bamba Política

Lic. Lorena R. Arvizu Rivera
“EL FUTURO ES UNA CANCIÓN”
Hace poco salieron un par de textos señalando la falta de contenido sustancial en las letras de la música actual, desde el pop más comercial hasta el rock. Irónicamente este último caracterizado por alzar la voz cuando las circunstancias sociales más lo necesitan. Algo pasa –o se omite– en el país, que si visualizáramos este a través de la música, parecería que sólo sufre un mal de amores.
Por fortuna aún hay quienes a través de dicho arte se empeñan en hacer un reflejo de lo que verdaderamente acontece. Son pocos, sí. Pero son voces fuertes; voces que logran que justicia o libertad no sean sólo palabras de diccionario sino exigencias escuchadas al unísono. Una conciencia social que se canta.
“Mirales, mirales, mirales / Se ríen del pueblo /
Usan la represión como solución. ”
Líneas que concuerdan con lo que pasa enfáticamente en nuestro país. Aquí, donde seguimos pidiendo justicia por Ayotzinapa y nos negamos a dejarlos como “los 43 desaparecidos”, porque sería la reducción de estos a un número, a una frase. Hay un esfuerzo por mantener su humanidad, aunque la vida les haya sido presuntamente arrebatada.
“¿Quién educó, su mente enajenada? 
Siempre soñó con la gran pantalla 
ser el mejor disparando un arma 
como su héroe de acción.” Aquí donde es tal la ola de violencia, de crimen sin castigo, que al hablar con las generaciones más jóvenes destaca su interés por convertirse en quien ejerza el poder aún por la vía ilícita. ¿Por qué? Porque son señalados como falsos héroes, cuyas acciones, al menos en este país, no tienen consecuencias.
“Que te ha pasado princesa, 
que no te veo sonreír, sonreír,
 aún no tienes tu dosis 
y por la noche te tienes que prostituir”. Un territorio donde las autoridades tienen conocimiento explícito de redes, de trata de personas y, sin embargo, la única prohibición es tratar de investigar para arreglar el problema. Y sigues pasando los días evadiendo la realidad, 
el miedo brilla en tus ojos, hoy te ha vuelto a golpear.
 No merece la pena, mujer, tu pasividad
 no merece la pena, mujer, debes de actuar”. Porque he aquí un punto fundamental de la triste realidad social: la mujer. La más vulnerada, violentada, censurada y asesinada. Pasa en México, con feminicidios aún contando, y otros tantos sin resolver.
Hay tantos temas, tantas deficiencias sociales. Noticias que deberían de llevarnos a enfrentar esto que se está viviendo. Decir lo que pasa no es fomento a que siga ocurriendo. ¿Pero qué es lo que escuchamos o a qué sonidos nos unimos? Escuchar la verdad duele, pero he ahí el inicio para poder remediar.
En México, por ejemplo, lo religioso nos lleva a otro de los círculos que ostenta la más alta impunidad. “CURAS, violación, vejaciones a un menor /
CURAS, ¡Qué más da! si nadie se va a enterar/ 
CURAS, sin precaución tengo plena protección /
CURAS, Meditad! ¿Quién me dio la inmunidad?.” Y pensar que, incluso, se trajo una magna exposición del “santísimo” Juan Pablo II. De Ratzinger, sobran los comentarios.
¿Por qué se mata en nombre de Dios?
¿Quién inventó las banderas? 
¿Por qué agonizan personas 
pidiendo auxilio en nuestras fronteras?. No es nuestro país menos despiadado con nuestros vecinos del sur que aquello por lo que nos quejamos del país fronterizo del norte. “No fronteras, no banderas, no a la autoridad
, no riqueza, no pobreza, no desigualdad. 
rompamos la utopía, dejemos de soñar, 
arriba el mestizaje, convivir en colectividad”.
Y aunque a través de estas letras podríamos pasar páginas y páginas, creo que hay que asentar el mensaje. La conciencia emerge de distintos puntos, desde lo que oímos, vemos, decimos y decidimos.
Con conciencia, desde este hermoso país que se escuche más alto esto:
“Gritos de justicia, tierra y libertad vuelven a resonar (…) comienza a amanecer en Latinoamérica. Paso firme hacia delante, pisa fuerte con rotundidad 
cuando un pueblo se sabe organizar
es un pueblo sabio y libre”.

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