lunes, 22 de agosto de 2016

Se paga a policías por seguridad y no hay resultado

Xalapa, Ver.- La Iglesia católica criticó que a pesar de aprobar la reforma al artículo 4º de la Constitución de Veracruz, de respeto a la vida desde su concepción hasta muerte natural, la violencia en la entidad continúa.
En el comunicado dominical que envía José Manuel Suazo Reyes, director de la Oficina de Comunicación Social en la Arquidiócesis de Xalapa, señaló que todos los días sigue habiendo víctimas, tanto en los pueblos como en la ciudad, de noche y a plena luz del día, a veces, también con la complicidad de las fuerzas del orden.
"Lamentamos por otra parte que mientras muchos ciudadanos se han unido a este movimiento a favor de la vida y se está logrando su protección legal, la violencia no parece detenerla nadie. El tejido social está muy lastimado y el dolor y el luto siguen ensombreciendo los hogares veracruzanos".
En las últimas horas Veracruz reflejo otro impacto en seguridad, la tarde del viernes fueron privados de su libertad ocho personas, entre mujeres, niños y adultos en los límites de Actopan y Alto Lucero. Los levantados fueron asesinados al ser supuestamente acorralados en una comunidad de Actopan.
Los robos a mano armada, casa habitación y hallazgo de cuerpos mutilados siguen ocurriendo de norte a sur y de montaña a costa.
Seguridad es trabajo de policías
Tras los últimos hechos violentos en la zona centro que terminaron con la vida de un comerciante, el obispo de Córdoba, Eduardo Patiño Leal, hizo un llamado a las autoridades, pues como efecto de los altos grados de inseguridad, es el mismo ciudadano quien comienza a buscar justicia por su mano.
"Existe un cuerpo policiaco preparado para hacer frente a los delincuentes, ellos deben de combatir la inseguridad, deben de proteger al ciudadano, puesto que para eso fueron contratados. Al no actuar a tiempo, ha sido el mismo ciudadano quien recurra a protegerse, por encima de su propia vida, como reflejo del hartazgo que ya existe".
El prelado consideró como lamentable que la gente ya no pueda vivir tranquila en ningún lugar de la ciudad, reprobando a su vez los hechos de violencia que son cada vez más frecuentes.

La Jornada

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