viernes, 20 de septiembre de 2013

Alzhéimer, la página en blanco

Madrid, España.- La aparición de la enfermedad de Alzheimer es sutil. Comienza con trastornos de la memoria reciente, dificultad para encontrar palabras de uso habitual en el lenguaje, perdida de interés en las actividades diarias, olvidos frecuentes, reiteración al preguntar cosas… En ocasiones son los familiares o las personas de su entorno las primeras que aprecian estos problemas, y es muy frecuente que el paciente incluso niegue estos inicios de la enfermedad.
En su fase inicial, la enfermedad no es limitante para la vida cotidiana, pero estamos ante una enfermedad degenerativa que provoca, también de forma progresiva, una incapacidad para realizar las tareas más cotidianas y acaba generando dependencia, por lo que constituye –además de un problema de salud- un problema social, por la intensidad por la que interfiere en la vida de las personas de su entorno.
A pesar de los esfuerzos en investigación, a día de hoy, los complejos mecanismos por los que se desencadena la enfermedad de Alzheimer son aún una gran incógnita para la comunidad científica, por lo que seguimos sin contar con un tratamiento curativo. Sin embargo, contamos con un amplio arsenal de tratamientos que ayudan a ralentizar el proceso de degeneración neuronal que se produce durante la enfermedad. Pero para aplicarlos de forma eficaz es fundamental diagnosticar la enfermedad en su fase más temprana.
Diez signos de alarma
He aquí diez signos de alarma que deben llevarnos a la consulta del neurólogo:
Pérdida de memoria que afecta a la capacidad laboral
Dificultad para llevar a cabo tareas cotidianas
Problemas con el lenguaje
Desorientación en tiempo y lugar
Juicio pobre o disminuido
Problemas con el pensamiento abstracto
Cosas colocadas en lugares erróneos
Cambios en el humor o en el comportamiento
Cambios en la personalidad
Pérdida de iniciativa
Tratamiento del Alzhéimer
Junto con el tratamiento farmacológico para intentar enlentecer el progreso de la enfermedad, se ha demostrado que es muy recomendable la estimulación cognitiva y física de los pacientes en centros especializados. La rehabilitación cognitiva busca reforzar las funciones mentales afectadas por la enfermedad, tratando de aumentar la reserva neuronal, así como el número de conexiones entre células cerebrales y la densidad de sus redes.
Esto no sólo enlentece el progreso en la afectación de la memoria, sino que mejora la calidad de vida de los pacientes.
No olvidemos que al “atacar” a la memoria, destruye aquello que nos confiere una parte muy importante de nuestra identidad: los recuerdos, para ir sembrando nuestra mente progresivamente de páginas en blanco…
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Vanguardia

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