martes, 16 de febrero de 2016

Pluma Negra

Por: José Calzada

Irresponsabilidad institucional

Desde los tiempos prehispánicos de los totonacas que fueron los primeros en acercarse a la montaña más grande de México a la que llamaron Poyuautécalt, hasta nuestros días, el Pico de Orizaba ha resultado un agasajo para la vista, motivo de inspiración de todas las artes, pero también fuente de vida por su aportación de oxígeno y, de una manera más tangible de agua para el consumo humano. Sin embargo, hoy por hoy es la muestra del más completo abandono de las autoridades y víctima del instinto depredador del hombre.
En las últimas 24 horas, se reporta media docena de incendios provocados por irresponsables personas que pueden ser taladores clandestinos, ganaderos locales de ovinos o turistas irresponsables, pero en cualquiera de los casos no se dimensiona el daño que el fuego provoca con la fábrica de agua más grande de Veracruz y Puebla.
Se trata de un Parque Nacional en que tienen responsabilidad de cuidar, en primero lugar la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas luego, la Comisión Nacional Forestal y después autoridades como la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales como cabeza de sector, en el plano de seguridad corresponde al Ejército Mexicano y la Procuraduría General de la República investigar la comisión del delito contra la reserva natural, por desgracia ninguna de esas instituciones ha sido de capaz de hacer efectiva su tarea, a pesar de que existe una legislación al respecto que los obliga a todos a cumplir la ley.
Es en las altura del Pico de Orizaba donde se ubican los veneros de agua cristalina que alimentados por los deshielos del glaciar Jamapa bajan por las faldas de la montaña y durante su recorrido reciben la contribución de otras fuentes de agua que es atrapada en tubos para dotar del vital líquido a millones de habitantes de varios municipios del estado de Puebla y Veracruz, a éste último le dota de agua a través del río Jamapa para dar servicio a miles de personas de la zona conurbada más grande del estado, desde otra toma en sus alturas el Pico de Orizaba entrega agua a la capital veracruzana.
De las 20 mil hectáreas decretadas por el Presidente Lázaro Cárdenas en enero de 1937 un alto porcentaje se encuentra deforestado, pero aún en esas condiciones la nobleza la montaña cumple con su función de dotar de agua a la población, pero la respuesta no es la mejor, la corresponsabilidad ciudadana ni institucional existen para atender el reclamo de cuidado a la fábrica de agua que ofrece sin nada a cambio sus mejores servicios.
En este año, existe el registro de dos incendios forestales, el primero en las inmediaciones de Cacahualco, Veracruz el día 30 de enero pasado y fue sofocado 24 horas después, el segundo cerca de la comunidad de Hidalgo en Tlachichuca, Puebla, y aunque las autoridades de la Conafor se apresuraron a desmentir la conflagración los daños no se pudieron ocultar y las mentiras en nada contribuyen al cuidado de ese parque nacional.
Ayer, 15 de febrero a las 18:00 horas, habitantes de las comunidades rurales de Tlachichuca en la cara norte del Pico de Orizaba alertaron de al menos seis igniciones en diferentes puntos con evidencias de provocaciones deliberadas, sin embargo, hasta entrada la noche no había más que voluntarios en los intentos por sofocar las llamas.
El tema social que parece tenue, es más importante de lo que observa ya que en las comunidades de las faldas del volcán se registran acciones ríspidas entre habitantes y autoridades municipales y estatales por el uso del agua, pero principalmente por la falta de oportunidades de desarrollo que “obliga” a los habitantes a provocar incendios para después variar el uso de suelo al concepto agrícola o de pastoreo.
Es preocupante el silencio institucional, pero más lo es, la negligencia de quienes tienen la responsabilidad legal de cuidar el medio ambiente, en un área que por decreto lleva el título de Parque Nacional y, por si fuera poco, genera el agua que alimenta a grandes extensiones forestales, de cultivo, pastoreo y entrega el agua que consumen millones de personas.

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