miércoles, 7 de junio de 2017

Los dilemas

Nudo gordiano
Por: Yuriria Sierra
Los dilemas
Salvo lo que pueda resolverse en tribunales o, más bien, al mismo tiempo que eso ocurra, la carrera por el 2018 ya inició. El escenario está puesto luego de la elección del pasado domingo. ¿Qué sigue para quienes tienen los ojos puestos en la sucesión presidencial? En todas las esquinas tienen dilemas que resolver. Porque ninguna de las victorias del domingo da para las campanas al vuelo, para la confianza y para el triunfalismo. Ni para el derrotismo y/o la retirada. Por el contrario.
Andrés Manuel López Obrador se enfrenta ahora a la posibilidad real de hacer lo que nunca antes: reconocer a las instituciones sin importar lo que resuelva en el “voto por voto” que, según anunció ayer por la tarde, buscarán en el Edomex por las inconsistencias que encontró en 16 mil casillas. Pero es la primera vez que anuncia que no sacará a las calles a los suyos y opta por transitar la vía institucional, para tratar de convencerme a mí o a usted (es decir, a esos electores que nunca hemos votado por él) de que es un candidato más moderado, más presidenciable ahora en 2018. Pero —oh, dilema— eso le puede abonar poco a esa ala de simpatizantes que esperan que AMLO y Delfina sean lo que siempre le hemos visto al tabasqueño: gritones, rijosos, intransigentes. Aunque la candidata mexiquense afirma que no veremos un plantón tipo el de Paseo de la Reforma, eso rompe el corazón de algunos morenistas que sí están esperando el incendio. AMLO tiene que elegir qué es lo que más le abona a sus aspiraciones presidenciales: el camino institucional o el otro que no le ha alcanzado para llegar a Los Pinos. ¿Entenderá que la vía victimista y radical poco sumará en el ánimo nacional y a su candidatura, virará su barco hacia un discurso y acciones que no manden al diablo las poquitas instituciones que sí tenemos?
Por otro lado, en la esquina de Acción Nacional los dilemas también están presentes. Margarita Zavala lanzó ayer un ultimátum a su partido y al presidente de éste, Ricardo Anaya. La aspirante presidencial y exprimera dama entiende que el moméntum no es bueno para sus rivales y se lanza a (como diríamos en buen español) darles madruguete o tirarles ultimátum (tan de moda en estos tiempos). O se ponen a trabajar en la contienda presidencial o van a quedar, de nuevo, sumergidos en el tercer lugar. Margarita sabe también que, a pesar de lo bien que Anaya ha jugado para posicionarse como un personaje joven y de peso al interior y fuera de su partido, ella es quien figura mejor posicionada (y, por tanto, más competitiva) en las encuestas y en las preferencias entre el electorado, blanquiazul y nacional. Anaya debe ahora decidir si la apoya o si le abona a su imagen, aunque eso signifique que, como ya alguna vez lo había dicho Zavala, ella se vaya en busca de su candidatura bajo otra figura electoral, como lo es una independiente. Un espaldarazo de Anaya le pondría que ni pintado ese escenario.
Y los priistas, a pesar de la soberbia (que ya mencionamos aquí), también tienen asuntos que consultar con la almohada. Ayer, Enrique Ochoa dijo que el candidato del PRI se conocerá hasta principios de 2018. Ya irán muy tarde. Tal vez quieren hacer crecer a alguien y poner todos los huevos en esa canasta, pero es una espera macabra, porque el descontento no ha hecho sino crecer y casi nada insta a pensar que la tendencia cambie. Tienen que decidir si siguen celebrando sus victorias con mínima brecha de ventaja o le ponen velocidad a la elección de su candidato y, así, construir algo, ya no nuevo, pero al menos distinto. Nada fácil para Peña Nieto, porque, a partir de ahora, cada día sin candidato —cada día de “tapadismo”— le resta frente a los aspirantes que ya conocemos en el resto de los partidos. Los priistas insisten en ejercer el poder y “competir” como lo han hecho toda la vida; pero ya vimos, entre el año pasado y éste, que eso, a lo más, les da para ganar de panzazo y cuestionadísimos. EPN, seguramen
e, asume que una decisión a estas alturas lastimaría a quienes despachan en su gabinete de día y sueñan con la candidatura de noche. ¿Qué harán aquellos que quedarían a un lado luego de la elección del candidato del PRI? ¿Cómo afectaría su desempeño en estos últimos meses de trabajo previo a la sucesión? Y es que están más que puestos y se intentan pulir con su trabajo al interior de sus respectivas secretarías al tiempo que tienen su mano levantada para ser el elegido. Pero el elegido llegará tardísimo a una contienda que, definitivamente, ya inició.
...Y el PRD, bueno, ahí no tienen por ahora dilemas que resolver. Luego de la elección del domingo, cuando aparece la certeza de que se salvaron de la muerte, pues por ahora no hay espacio para los dilemas. Un día a la vez y, por ahora, no lo ocupan para otra cosa como no sea festejar que siguen vivos. Ya les tocará la hora.

Excelsior

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