jueves, 26 de septiembre de 2013

EDITORIAL BAMBA POLÍTICA

FENÓMENOS NATURALES, RESPONSABILIDAD POLÍTICA, CONCIENCIA SOCIAL.

Escuché hace poco un comentario sobre los desastres que han ocurrido en nuestro país a causa de las tormentas “Ingrid” en el Golfo de México y “Manuel” en el Pacífico. El conocido dijo: ¿Qué habremos hecho para que Dios nos mande tales calamidades?
Bien, no me meteré en temas religiosos, este texto está basado en las cuestiones meramente terrenales (así que olviden anteponer sus “pecados” a dichas cuestiones). Por lo anterior empiezo por recalcar que es un hecho histórico, pues tener fenómenos de tal magnitud simultáneamente, no había ocurrido por lo menos en los últimos 50 años. Ante eso, no podemos entonces hacer demérito del panorama, desde si hubo una alerta oportuna, los daños materiales, pérdidas humanas, la acción gubernamental, y por supuesto las soluciones que se les ofrecen ahora a los damnificados.
Las últimas cifras contabilizaban 26 estados afectados, 123 personas muertas, 33 heridas, 59 000 evacuadas, y declaratorias de emergencia en 312 municipios de 14 estados. Si bien lo mencionado puede servir para realizar estimaciones y calcular un presupuesto para la recuperación de los afectados, lo cierto es que no refleja en lo absoluto lo que deja tras de sí la situación, enfocado en la historia que habría que contar por cada persona que después de esto, tendrá que hacer un sobre esfuerzo para retomar “la normalidad”, para dejar atrás –esperemos pronto- el desastre. Tampoco nos dice qué tan eficiente ha sido la movilización de las autoridades. Más aún cuando en mayo pasado se instaló el Consejo Nacional de Protección Civil, con el propósito de cumplir con el “deber irrenunciable del Estado mexicano [de] crear condiciones de seguridad y protección para sus habitantes”. He de suponer que dicha afirmación sería contrariada por la mayoría de la población ante los actuales acontecimientos.
Es un esquema complejo el de la respuesta ante eventualidades de dichas características. Secretaría de Gobernación es de donde se deslindan las demás estructuras encargadas; pero la administración federal actúa siempre que las respectivas locales y estatales no tengan los elementos suficientes para hacerlo solos. Además, se habla de tres sectores para la respuesta: público, privado y social (se hace énfasis en que la protección civil empieza en la sociedad, bajo el término de autoprotección).
En fin, para efectos de las acciones llevadas a cabo federalmente, se establecieron 6 puntos básicos, las ideas principales radican en: el Sistema Nacional de Alertas (anticipación); operación de la estrategia México Seguro ante Desastres, con el fin de contar con infraestructura nacional y mayor capacidad de resistencia ante fenómenos naturales; una campaña de difusión de la cultura de la prevención y la protección civil; actualización del Atlas Nacional de Riesgos; un Programa Nacional de Respuesta a Siniestros, Emergencias y Desastres, que permita la acción oportuna y coordinada de los tres órdenes de gobierno; y crear cinco regiones con representación nacional de protección civil, con el objetivo de fortalecer la coordinación interinstitucional entre los diversos sistemas existentes.
Dicho esto, valdría la pena que se observara detenidamente si los puntos se han llevado adecuadamente. Porque desde el primero de ellos destaca el hecho que las condiciones en que un número importante de comunidades se encuentran, no serían tan deplorables si la maquinaria de acción dispuesta estuviese cumpliendo sus funciones como fue dictado.
Si nos detuviésemos a la perspectiva de cada estado estas líneas no serían suficientes, así que solo serán unos datos más los añadidos. Para iniciar –y no es sorpresa-, el estado más afectado es Guerrero, donde además, se ha desatado desde el día de ayer una polémica importante que involucra también al estado de México, el cual ha sido señalado de destinar recursos del gobierno a una conductora de la televisora más poderosa del país, Televisa, y no precisamente para la entrega de la ayuda que tanto se necesita, sino para hacer montaje de una escena en orden de aumentar el raiting de su programa televisivo (la periodista Marcela Turati fue quien en un difundido reportaje para la revista Proceso lo hizo público). Y nada menos que el programa de Carmen Aristegui le dio seguimiento, por lo que tanto en redes sociales como en diferentes medios de comunicación se ha desatado la fuerte crítica a la utilización de los recursos públicos a una causa por completo enajenada de las verdaderas necesidades de la población afectada.
Si bien pareciera un caso aislado, no lo es. Podrían darse más ejemplos de actuaciones similares de las autoridades. Sin embargo, más allá de eso, la cuestión –y para enfocarnos en lo más importante- es que las medidas por ahora tomadas no son correspondientes frente al desastre que diversas familias están padeciendo. Ya sean las de negocio (corto plazo), gobierno (mediano plazo), o desarrollo (largo plazo), estas operaciones aún dejan mucho que desear; no se diga sus supuestas ayudas fiscales, que muchos han tachado de absurdas, en tanto la reactivación económica siga pendiente. Y en cuanto a las declaraciones de los funcionarios responsables, siguen siendo –igual sin sorpresa- por completo ambiguas.
Si ya se ha dado un paso conformando el Consejo, lo siguiente sería la verdadera aplicación de las tareas asignadas a este. No podemos dejar todo al gobierno, es cierto. Los mejores programas en cuanto a protección civil involucran necesariamente la participación de los tres sectores, y la sociedad juega un papel indispensable, pero para lograr su inserción se requiere de una educación en la materia (la cual, siendo honestos, no se ha proveído).
Ante muchos de los fenómenos naturales que se han presentado en diferentes países, el tema de la respuesta ante los desastres naturales ha avanzado estratégicamente, se tienen documentos a nivel internacional que detallan la forma más conveniente de actuar frente a estos. México, de hecho, ha firmado varios (aunque muchos de los funcionarios ni siquiera tengan conocimiento de ello). Sin embargo, la legislación sigue sin ser lo suficientemente adecuada, y se ve en los resultados. ¿O están satisfechos con lo hasta ahora realizado? Falta ver más, aunque esperemos que no sean tantos los estragos a pesar de lo mostrado por los pronósticos meteorológicos.
¡Qué visión de país! Pareciera que los fenómenos naturales no son tan diferentes a los que se presentan también en el orden político o social. ¡Tormentas! Y creo que no me equivoco al decir que la mayoría de los mexicanos nos preguntamos cuál será el día en el que por fin llegará la calma.

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