jueves, 18 de diciembre de 2014

Reporte Global

Por Salvador González Briceño*

NOVATOS, LOS OPERADORES DE PEÑA
*Un gabinete presidencial de no electos

Dicta el refrán así: “Vox populi, vox Dei”. Dicho que, llevado al ejercicio de gobierno y en referencia a los últimos sexenios en México, se traduce así: “Los panistas gobernaron para los ricos, en cambio el PRI roba pero comparte”. No requiere ejemplos, porque sobran.
Es decir, la corrupción como primicia y luego la impunidad de complemento para el encubrimiento de todos contra todos, tanto del PAN como de los priistas; los demás partidos participan de un modo u otro del funcionamiento de este “sistema político” corrupto.
Todavía. Más allá del “estilo personal de gobernar” —en referencia a la imposición de cada presidente priista de un sello propio a su sexenio—, de Daniel Cosío Villegas, un reclamo que sobresale entre aquellos (críticos del régimen que “viven en el error” por estar fuera del presupuesto) que desde afuera pugnan por la democratización del sistema político mexicano destaca este otro: se debe cambiar la Constitución para que todo Presidente gobierne con un gabinete salido también de las urnas.
Porque luego, más allá que ser el equipo de confianza del Presidente en turno, resulta que termina imponiendo criterios que afectan al país. El único argumento es que así opera el presidencialismo.
Recuérdese la influencia de personajes como, por ejemplo: Liébano Sáenz Ortiz, secretario particular de Ernesto Zedillo Ponce de León; José Córdoba Montoya, jefe de la oficina de la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari; Alfonso Durazo en un primer momento y Marta Sahagún de Fox —cuyo referente habla por sí solo—, para el presidente del “cambio”, Vicente Fox Quezada; de Felipe Calderón Hinojosa saltaron varios, todos como “particulares”: César Nava, Luis Felipe Bravo Mena, Roberto Gil Zuarth, Tarcisio Rodríguez Martínez.
El caso es que, fruto del derecho de “picaporte” (desde arriba hacia abajo de la estructura del poder), el país arrastra problemas hoy. Baste citar, vgr., a Córdova o a Nava. Al primero se le tilda de orquestador de las “reformas estructurales neoliberales” del salinismo, que ha traído secuelas graves a la economía y a los mexicanos. A Nava se le ubica por la corrupción azul. Cercano a Calderón como “particular”, pero sobre todo como director jurídico de Pemex. Otorgó contratos a favor de las empresas del malogrado Juan Camilo Mouriño, y vía los “contratos de servicios múltiples” para negocios con trasnacionales como Repsol y Techint, etc.
Del ahora presidente Peña Nieto sobresalen su esposa: Angélica Rivera Hurtado; y del gabinete: Luis Videgaray Caso, el Secretario de Hacienda; Aurelio Nuño Mayer, jefe de la oficina de Presidencia; Jesús Murillo Karam, de PGR. Ninguno electo, y todos en problemas por una razón u otra.
¿Será que en el “estilo personal de gobernar” se impondrá lo “insensible y sin corazón” de Peña que dijo recién Javier Sicilia, respecto al caso Ayotzinapa? ¿Se trata de —erratas de por medio— un staff de Juniors, dirigiendo la política en este país, y por eso estamos como estamos? ¿Eso explica los desatinos en materia económica, las “reformas estructurales” todavía neoliberales de Videgaray —al igual que Nuño—, por la línea salinista vía Pedro Aspe? ¿Cómo resolverá Ayotzinapa el PRI, igual PGR que Gobernación? ¿Cómo será la reactivación económica con un entorno internacional negativo para México? ¿Cómo resolver un 2015 electoral, ¡el tercer año del sexenio!?
Aurelio Nuño en El País, y Videgaray desde The Wall Street y otros medios, ambos exhibieron su novatez. Pero son, súmenle el resto, los operadores de Peña Nieto.

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