jueves, 23 de julio de 2015

Columna sin nombre

Pablo Jair Ortega
 
EN LA IGLESIA TAMBIÉN, SEÑOR OBISPO
En Agua Dulce, en la frontera con el estado de Tabasco, un seminarista de nombre Fernando Salazar Casango fue detenido el pasado 22 de mayo, cuando sostenía relaciones sexuales con el jefe de Prensa de una oficina episcopal en la zona sur.
El escándalo no habría pasado a mayores términos y quedaba como una amonestación por faltas a la moral en la vía pública, pero el protagonismo del periodista para hacerse el mártir de la libertad de expresión, destaparon el escándalo de que integrantes del seminario ubicado en esa localidad fueron captados teniendo relaciones íntimas en la vía pública.
Lo anterior fue ignorado por la cúpula católica y guardó silencio ante el hecho.
Luego vendría el discurso incendiario del obispo de Xalapa en referencia a que las mujeres jóvenes embarazadas son una plaga (después dijo que se le entendió mal); las condenas por los matrimonios entre personas del mismo sexo que se están poniendo de moda; y recientemente, el ataque del obispo de Veracruz por la presencia de gays en la política, el mundo artístico y los medios de comunicación.
Le faltó decir que también en la Iglesia Católica se cuecen habas y se revuelven los frijoles, por decirlo de manera elegante.
No sorprenden las declaraciones de la Iglesia Católica Veracruzana; muy cerrada a diferencia de su líder mundial, el Papa “Pancho”, quien ha hecho llamados a la conciliación y promovido el castigo de pederastas.

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