Aunque el servicio ferroviario hacia el AIFA promete reducir tiempos y costos de traslado, pasajeros reportan desorden, mal uso de las instalaciones, largas esperas y problemas operativos en sus primeros días
El Tren Felipe Ángeles dejó de ser sólo la novedad del fin de semana. A pocos días de su inauguración, el nuevo servicio ferroviario que conecta Buenavista con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) comenzó a enfrentar su primera prueba real: pasajeros que lo toman por curiosidad, viajeros que llegan con maleta rumbo al aeropuerto y habitantes de municipios como Tultitlán, Tultepec, Nextlalpan y Zumpango que intentan descubrir si realmente les servirá para moverse todos los días.
La expectativa es alta. Para muchos, representa una alternativa más económica y directa para llegar al AIFA; sin embargo, los primeros días de operación también dejaron una lista de molestias: retrasos, largas esperas, dudas sobre los horarios, fallas en el servicio, problemas en el sistema de cobro y poca claridad cuando ocurren incidentes.
Durante el primer fin de semana completo de operación, el servicio fue utilizado tanto por familias que querían conocer el nuevo tramo como por pasajeros que necesitaban llegar al aeropuerto con tiempo suficiente. Ahí aparece una diferencia importante: para quien va de paseo, esperar media hora puede formar parte de la experiencia; para quien tiene un vuelo, cualquier retraso se convierte en presión.
“Sí está bonito el tren y se agradece que ya haya una opción para llegar al aeropuerto, pero todavía le falta organización. No sabes bien cuánto va a tardar, se llena, hay gente que no respeta los lugares y eso, para alguien que trae maletas o va con prisa, sí desespera”, contó Laura Hernández, quien viajó hacia el AIFA durante los primeros días del servicio.
Las quejas no sólo se han concentrado en los tiempos de espera. Usuarios también han señalado el mal uso de las instalaciones como personas que suben los pies a los asientos o no respetan los espacios disponibles. La situación ha generado molestia entre quienes consideran que, al tratarse de un servicio recién estrenado, debería cuidarse desde el inicio.
En redes sociales, varios comentarios coinciden en el mismo punto: el tren es nuevo, limpio y funcional, pero la cultura de uso todavía no acompaña del todo. Para algunos pasajeros, ver asientos sucios o personas ocupando lugares de forma indebida rompe con la idea de un transporte moderno y cómodo, especialmente en un servicio que busca convertirse en la puerta ferroviaria hacia un aeropuerto internacional.
A las quejas por el comportamiento de algunos usuarios se sumaron reportes de fallas operativas. La tarde-noche del sábado, pasajeros señalaron que una falla obligó a descender de uno en uno por una de las puertas principales, lo que provocó incertidumbre entre quienes viajaban en el convoy. Aunque el incidente no pasó a mayores, la manera en que fue atendido generó dudas sobre los protocolos de información y evacuación.
Hasta ahora, una de las principales molestias ha sido precisamente la falta de comunicación oportuna. Cuando ocurren retrasos o fallas, los pasajeros no siempre saben cuánto tiempo deberán esperar, si necesitan cambiar de andén o si el servicio continuará con normalidad. En un transporte que conecta con un aeropuerto, esa información no es un detalle menor: puede definir si una persona llega tranquila o con el tiempo encima.
El Tren Felipe Ángeles fue inaugurado el domingo 26 de abril y forma parte de la extensión del Tren Suburbano hacia el AIFA. Su ruta conecta Buenavista con estaciones del corredor tradicional y continúa por el nuevo ramal hacia la terminal aérea, con estaciones como Cueyamil, La Loma, Teyahualco, Prado Sur, Cajiga, Xaltocán y AIFA-Clara Krause.
Para habitantes del norte del Edomex, la nueva conexión podría representar un cambio importante. En municipios como Tultitlán, Tultepec, Nextlalpan y Zumpango, llegar al AIFA ha dependido principalmente del transporte público combinado, taxis, automóvil particular o servicios por aplicación. Con el tren, la promesa es reducir costos, ordenar traslados y ofrecer una ruta más predecible.
Sin embargo, los primeros días han demostrado que la movilidad no se transforma únicamente con inaugurar estaciones. También se necesita frecuencia suficiente, información clara, personal de apoyo, sistemas de cobro funcionando y usuarios que respeten las reglas básicas de convivencia. De lo contrario, la experiencia puede pasar rápidamente de la emoción por estrenar servicio a la frustración por no saber qué está ocurriendo.
En estaciones de conexión como Lechería, algunos pasajeros han reportado filas y esperas prolongadas para abordar rumbo al AIFA. La confusión también se ha presentado entre quienes no tienen claro si deben utilizar la misma tarjeta, dónde recargar, qué andén tomar o cuánto tiempo real existe entre un tren y otro.
Aun así, no todo ha sido negativo. Usuarios han reconocido que el servicio es cómodo, que el traslado puede resultar más barato que otras opciones y que la conexión ferroviaria abre una posibilidad distinta para llegar al aeropuerto. Para familias que viven cerca del nuevo ramal, también representa una forma de acercarse a la Ciudad de México sin depender completamente del tráfico o de múltiples rutas de transporte público.
El problema es que, desde sus primeros días, el tren está siendo evaluado por usuarios cada vez más exigentes. No sólo debe transportar personas: también necesita generar confianza. Quien viaja al aeropuerto necesita saber que el servicio es puntual, que las fallas serán atendidas rápidamente y que, si ocurre algún incidente, habrá información clara para tomar decisiones.
Por ahora, el Tren Felipe Ángeles avanza entre dos percepciones. Por un lado, están quienes celebran que por fin exista una conexión ferroviaria hacia el AIFA; por el otro, usuarios que ya encontraron fallas, desorden y comportamientos que podrían deteriorar el servicio si no se corrigen a tiempo.
Su primer fin de semana completo de operación funciona como una especie de examen público. La infraestructura ya está en marcha, pero la verdadera prueba será mantener un servicio constante, limpio, seguro y confiable.